Desafío poselectoral: buscar puntos que unan para construir la identidad nacional

En la quinta sesión del grupo de reflexión “Hablar de Bolivia con una taza de café”, cinco analistas expresaron sus visiones optimistas y pesimistas acerca del escenario poselectoral en el país.

En 1994, cuando la Selección boliviana participó en el Mundial de Estados Unidos, el fútbol fue un elemento que generó identidad nacional, recordó el sociólogo aymara Saúl Flores como una muestra de que en ciertos momentos de la historia se puede construir unidad a partir de un sentimiento nacional, incluso a partir de crisis como la que existe actualmente con la pandemia del coronavirus que reta a enfrentar juntos la enfermedad.

Flores —que participó en el grupo de reflexión “Hablar de Bolivia con una taza de café”—desafió a políticos e intelectuales a encontrar intereses comunes entre los bolivianos frente a discursos regionalistas y situaciones de polarización en el escenario poselectoral.

“En ciertas circunstancias y en algún momento también nos hemos identificado como bolivianos, y la tarea de nosotros, los intelectuales y los políticos, es encontrar los puntos en común, descubrir qué nos une, qué es lo que me une a mí como indígena con el otro no indígena, y sobre la base de esto construir identidad”, afirmó Flores ante la pregunta lanzada por el director de la ANF, P. Sergio Montes: ¿será posible un horizonte de unidad nacional frente a discursos regionalistas, decepciones y demandas no resueltas, o simplemente se avanza hacia un poder hegemónico?

Siguiendo la línea optimista del sociólogo aymara, el abogado Gonzalo Mendieta expresó su confianza en un futuro compartido entre los bolivianos por ciertas condiciones sociales, como el fenómeno de las urbanizaciones porque cada vez la población es más urbana, una clase media más extendida, el comercio, la proliferación de intelectuales indígenas, el desarrollo de Santa Cruz que atrae migración interna y otros aspectos que “hablan de la forja de un nuevo país”, en contraposición a las distopías de sufrir las fracturas como una fatalidad.  

“En estas grandes condiciones de posibilidad, yo sí veo que el país tiene oportunidad de conversar como lo estamos haciendo nosotros, que es más posible en el país de hoy de lo que era hace veinte años, e incluso salir de la propia perspectiva de clase, de clan o gueto que a veces nos inunda”, reflexionó el analista, convencido de que hay mejores condiciones de entendimiento.

Además, indicó que ve difícil un control estatal vertical ante una sociedad civil compleja: “Yo quiero creer que un actor racional, en vez de crear problemas desde el Estado en una circunstancia tan difícil, preferirá tener a la sociedad lo más tranquila posible”.

Asimismo, la politóloga María Teresa Zagada, no tan optimista como sus colegas en la mesa de debate, se preguntó si los bolivianos tendrán que tocar más fondo para realmente salir de la crisis, cuando después del resultado electoral se visibilizan sectores enardecidos e irracionales. “La pregunta es si tal vez para esta construcción de horizonte de algo común tengamos que tocar más fondo, tal vez la crisis tiene que llegar a ser muy descarnada para poder luego reinventarnos”.

Por su lado, el director del periódico Pukara, Pedro Portugal, dijo que no ve una intencionalidad en los políticos para construir una unidad nacional, cuando —en su criterio— ese tema debería ser vital.

Señaló, por ejemplo, que un requisito básico de construcción nacional es tener un símbolo, pero en Bolivia hay tres (la tricolor, la wiphala y el patujú), y lo que debería servir para unir ahora es mal utilizado.

“Los políticos tienen que sentir que tenemos que construir una nación y recién ver los elementos para hacerlo, y tendría que haber también una remoción grande en la academia; lo veo un poco más difícil porque siempre hablamos de independencia y somos terriblemente vulnerables a las modas”, aseguró Portugal.

/ANF/

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